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La Nación 15-dic-2004

Sueño Musical

Muchas veces, al leer sobre historia, aparecen personajes con los cuales soñamos, a quienes hubiésemos querido conocer y dialogar con ellos, en particular porque materializan, con su forma de ser, el ideal de una profesión.

En una reciente visita a Nueva Orleans, la ciudad de la música, fui invitado al Neutral Ground Coffehouse, un jazz café, a escuchar a un renombrado pianista: Phill Melançon. Me advirtieron de que en ese lugar no servían licor, solo café, pero que la actividad artística era notable.

Símbolo del sentimiento. Llegamos un poco antes de la apertura y ahí estaba él, sentado al piano, esbelto, cabello blanco, con una sonrisa magnética que invitaba al deleite y a la alegría, interpretaba blues intercalados con un tono de voz muy especial; era el símbolo del sentimiento, de lo que debe ser el arte de la música en vivo.

Al poco tiempo, como buen anfitrión, se dirigió al público, se presentó y, al darse cuenta de que éramos colegas, me invito al piano. Cuando me di cuenta tocábamos, a cuatro manos, I Left my Heart in San Francisco, como si lo hubiésemos ensayado juntos tiempo atrás; para mí fue muy emotivo.

Dos días después, tenía lugar una de mis presentaciones en el Plimsoll Club del New Orleans World Trade Center, en un homenaje que el cuerpo consular de Nueva Orleans le ofrecía al señor Gonzalo Calderón, cónsul general de Costa Rica, y, ¡sorpresa!, el otro pianista era nada más y nada menos que Phill Melançon, quien me recibió con un abrazo.

Diplomáticos de Colombia, Chile, EE. UU., Grecia y Panamá, entre otros, llegaron paulatinamente al salón. La inevitable nerviosidad hacía acto de presencia. Comencé con música de Costa Rica, Colombia y Chile; Phill con Star Dust (Polvo de estrellas) y My Way. No sé en que momento, aplauso tras aplauso, los invitados rodeaban el piano y el tiempo pasó volando; para cerrar tocamos y cantamos juntos New York, New York.

Éxito rotundo. Posteriormente, Phill y yo conversábamos sobre diferentes temas musicales, y una de interrogantes que revoloteaba en mis pensamientos era por qué solo vendía café en su negocio, a lo que me respondió: "El éxito de mi café se debe a que es un lugar donde los adolescentes, jóvenes y otras personas pueden mostrar sus condiciones artísticas sin ninguna presión, en horas tempranas y en un ambiente donde mucha gente de su edad pueda venir a escucharlos".

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