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La Nación 20-dic-2006
Cuando sí se puede
Por esas casualidades de la vida, después de mis presentaciones en
Neustadt, Alemania, en julio, conocí, en un hotel en Hamburgo, a doña
Ana Teresa Dengo y su esposo, Óscar Acuña, quienes comentaron su
interés en promocionar a Costa Rica en Viena, Austria, mediante la
participación del país, por primera vez, en el “Bazar Navideño de la
ONU”, actividad benéfica anual.
Poco después me contactaron de nuevo y me propusieran mi participación
artística en la actividad. Accedí de inmediato, proponiéndoles, además,
la celebración de una “Noche de Costa Rica y Amigos” aprovechando mi
visita al Viejo Continente.
En algunas presentaciones internacionales que he hecho, han surgido
ideas similares; lo inusual es hallar a las personas con la
determinación y compromiso para concretarlas.
A mi llegada a Viena, encontré un equipo de ticos, liderado
exitosamente por la señora Dengo, ahora embajadora de Costa Rica en
Austria, totalmente identificado con las dos actividades, que se
llevaron a cabo sin ningún presupuesto estatal.
La cena “Amigos de Costa Rica”, el 2 de diciembre en el exclusivo
Vienna International Center, no solo agrupó a los coterráneos que viven
en esas latitudes, sino también a muchos miembros del cuerpo
diplomático radicado en esa ciudad, con un menú muy tico, elaborado por
ticos y con música tica; lo foráneo pudo ser solo el piano de cola
Bosendorfer (el mejor piano del mundo) de 92 teclas, en el que
interpreté un repertorio costarricense y latinoamericano.
Impresionante. El sábado siguiente, todavía cansados del esfuerzo que
la cena conllevó, tempranito no más, se levantaba el “chinamo tico” en
el “Bazar Navideño” donde participaron al menos 50 naciones de todo el
mundo. No omito el nerviosismo existente entre nosotros al tener que
competir con países como Canadá, Brasil, Rusia y Alemania, para citar
algunos, con presupuestos muy altos girados por sus Gobiernos. Pero ahí
estábamos, con el “sí se puede” inculcado en lo más profundo de
nuestros corazones, y lo logramos: superamos en ventas y presencia a
muchos otros. Gallo pinto, gallos de papa, palmito, café, Cacique y
muchos otros productos, que generosamente donaron algunos productores,
fueron admirados y comprados por una clientela verdadera- mente
cosmopolita. Impresionante y conmovedor fue ver el éxito de este grupo,
sin experiencia en ese tipo de actividades, sin presupuesto y en un
país tan complejo.
Hay que hacer notar el apoyo decidido en la elaboración de la cena del
ingeniero Alejandro Ramírez, quien viajó desde Múnich, donde labora
para Siemens, así como la del promotor artístico costarricense radicado
en Viena Erick Ulate en la construcción del “chinamo”.
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